Amigos

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Solemos quedar en casa cada tarde, somos grandes amigos, charlamos de millones de cosas diferentes y pasamos gratos momentos juntos. Como la mayoría de las personas, nuestras vidas son rutinarias, no suele pasarnos cosas interesantes, se podría decir que el mundo seguiría rodando perfectamente sin nosotros. Somos los típicos amigos de teorías filosóficas, críticas políticas y planes para mejorar el mundo, como por ejemplo, encontrar la solución a la paradoja del vegetariano, que para dejar de comer carne, arrasaría millones de hectáreas de tierra con sus cultivos, y a los animales que intenta proteger, los terminaría dejando sin hogar. Leer más “Amigos”

Estar solo III

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Entonces dejó de escribir cosas bonitas, su amor se apagó y su alma se escapó por la ventana de un cuarto piso.

Uno de sus parientes, que tenía la suficiente sensibilidad como para entender, eligió quedarse con esas cajas que solo contenían papeles (que resultaron ser cartas devueltas al remitente). Leyó algunas, y como todas las cosas que guardan un sentimiento profundo, lograron emocionarlo, sus ojos se llenaron de lagrimas, su corazón se enterneció y su bolsillo tembló. Leer más “Estar solo III”

Dios

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Aprendió muy pronto que, con un solo gesto levantando su dedo, podía conseguir aquello que le gustaba o rechazar lo que no. La culpa la tuvo su madre, ella (como todas las madres), pensaba que conocía a su hijo mejor que nadie, e interpretaba sus gestos, como si se tratara de un complejo lenguaje de signos.

 

Su dedo levantado, siempre hacia el cielo, después dejándolo caer apuntando hacia el objeto de su deseo, así, ese dedo le trajo muchas satisfacciones. En la escuela, cuando le hacían una pregunta, señalaba hacia la puerta y la profesora, que tenía ese trabajo solo para pasar el tiempo, entendía que  el alumno quería ir al baño y lo dejaba salir sin responder a la pregunta, que por cuestiones de listas, debía responder el alumno siguiente con el apellido empezando por N, así fue ganando la antipatía de varios de sus compañeros.

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Angel

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Era de carácter afable, atento, educado y con una sonrisa que parecía eterna. Como era argentino, la gente solía contarle sus problemas de forma natural, él escuchaba, y siempre tenía un consejo adecuado para brindar. Todos hablaban bien de él y comentaban de forma positiva, su manera delicada de ser y de vestir, su aspecto físico acompañaba a todo este conjunto, ya que poseía un rostro casi angelical y su voz era grave pero tendiendo a la suavidad.

Nadie podría imaginarse que este ser maravilloso, podía ser totalmente lo opuesto una vez que traspasaba la puerta de su casa. Su departamento era frío y poco acogedor, con pocos muebles y casi sin ningún otro color más que el blanco, se podría describir como aséptico, pero para él, era el sitio más acogedor del mundo. Llegaba a su casa, se quitaba los zapatos, dejaba colgada las llaves en un llavero colgador que estaba en la entrada, se dirigía a la cocina, encendía uno de los fuegos y calentaba agua para el té. Se sentaba en el sofá y mientras disfrutaba del calor de un buen té inglés, insultaba mentalmente a todos esos farsantes (así los llamaba él), que habían osado hablarle durante el día. Leer más “Angel”

Obesidad

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Voy caminando a buen ritmo, así que alcanzo la parada de autobús con tiempo suficiente, como para no tener que quedarme mirando como se va el H10, cosa que me pasa a diario. En el banco hay una señora con un niño sentados y al verme se ponen de pie para dejarme sitio, pienso que no hace falta que se levanten, cabemos los tres, pero ya estoy acostumbrado a este tipo de reacción, mi anatomía ocupa todo el paisaje, es normal que la gente prefiera no sacar cuentas e interpretar que ocuparé todos los espacios libres. El niño me queda mirando y su madre le indica que no lo haga, <<Estoy gordo, nada más>> pienso, mientras le sonrío a la madre, que gira la cara hacia el otro lado. Frente hay un cartel publicitario con una frase: “Me gusta como soy” (pensamiento que debía ser de la modelo un tanto pasada de peso que ocupaba todo el resto de la publicidad), pensé que solo las modelos delgadas tenían la posibilidad de no reivindicar nada, no hace falta que una hermosa modelo delgada diga “Me gusta como soy”, eso se da por supuesto… Leer más “Obesidad”

Estar solo II

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Hubo un tiempo en que creí que podía cambiar las cosas y por eso me pinté el símbolo de la paz en la cara y levanté el puño y grité fuerte cuando, de la mano de mi madre, corríamos hacia cualquier manifestación en contra de la guerra que hubiera en la ciudad. Me abrazaba fuerte a mis rodillas debajo de algún pupitre de la escuela cuando escuchaba sonar las sirenas y sentía, aún a esa corta edad, un compromiso con mi país y con los soldados que iban a luchar en el frente, ahora miro en las noticias morir gente en guerras lejanas, mientras como algún plato de pasta, sin sentir ninguna empatía, como si pasara en otro planeta, bajo los ojos y sigo comiendo, pensando en que nada que pueda hacer yo, va a cambiar las cosas.

Hubo un tiempo en que creí en el ángel de la guarda y entrelazaba los dedos por las noches, antes de dormir, pidiendo que mi situación cambiara y cuando no fue así, levanté el indice hacia el cielo y grite y maldije a todo y a todos. Dejé de rezar, dejé de pensar en que mañana sería un día mejor y entonces lo vi partir con sus alas plegadas, la cabeza inclinada y pude sentir su desilusión aunque se marchó sin mirar atrás.

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Vejez I (Sin editar)

 

cof

Leyendo uno de mis libros favoritos, llamó mi atención un pasaje de Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift, “Al llegar a los ochenta, que en aquel país se consideran el extremo de la vida, no sólo adquieren todas las rarezas y los achaques de los viejos, sino muchos otros, debidos a la terrible conciencia de que no van a morir nunca. No sólo se vuelven obstinados, extravagantes, sórdidos, melancólicos, frívolos y parlanchines, sino también incapaces de abrigar el menor sentimiento de amistad, insensibles a todo afecto natural, que nunca se extiende más allá de los hijos de los hijos. Entre sus pasiones destacan la envidia y el deseo impotente, pero lo que parece despertar su envidia son los vicios de los jóvenes y la muerte de los viejos. Porque cuando piensan en los primeros, se sienten privados de la posibilidad del placer, y cada vez que ven un entierro, se lamentan y se afligen porque otros han llegado a un puerto de descanso al que ellos jamás podrán arribar… Todos les odian y desprecian… Las mujeres son aún más horribles que los hombres. Además de las deformidades comunes de la decrepitud, tienen un aspecto mucho más espectral…Cualquier descripción sería insuficiente.”. Leer más “Vejez I (Sin editar)”