Estar solo

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Es nuestro deber ir a visitarle, esa era la razón que daba mi madre al hecho de tener que ir a verle un fin de semana al mes, nos sentábamos a tomar un café, era en el único lugar donde mi madre permitía que yo tomara café, ya que por alguna razón era una bebida prohibida para niños de mi edad, creo que lo permitía porque era más fácil que explicarle a mi tío (que nunca había tenido hijos) el por qué de esa prohibición.

Mi madre hablaba de tonterías y cosas que pasaban en el entorno de la familia, él la escuchaba con atención como si le contara la historia universal, de vez en cuando se producía un silencio, y yo aprovechaba para hacer algún comentario, como por ejemplo el del día anterior, cuando jugando con mis hermanos, me encontré un escarabajo rodeado de hormigas, lo levanté de una de las patitas y le sacudí todas las hormigas, llamé a mis hermanos y organicé un funeral de estado, cantamos el himno y enterré al escarabajo poniendo una cruz hecha con palitos, todo muy emotivo (si no se tiene en cuenta que tal vez enterré al escarabajo vivo y que dejé a un montón de hormigas sin comer), mi tío me escuchaba con una sonrisa, cosa que no entendí ya que le estaba contando algo trágico y a él le parecía más bien gracioso, mi madre terminó por llamarme la atención ya que estaba hablando demasiado y era una conversación de mayores.

Pasó el tiempo y como todas las cosas que se dan de forma natural, dejamos de ir a visitarlo, nos mudamos de ciudad, regresamos, volvimos a mudarnos y casi diría que nos olvidamos de él, hasta que, como también suele pasar, nos llegó el recordatorio en forma de esquela funeraria, entonces nos pusimos tristes, resaltamos sus muchas cualidades personales y evocamos momentos agradables pasados juntos.

Volvimos a aquella casa, una de mis tías me extendió un sobre, tenía escrito mi nombre L.F.M., lo abrí, dentro había un papel muy fino de carta que ponía escrito con pluma, “Sufrí mucho cuando dejaste de venir a verme, suerte que ya había aprendido hace mucho tiempo a estar solo”, y junto con la nota, había un librito con una casita en la montaña.

Estar solo, yo también aprendí a estar solo, eso de vivir en grandes ciudades, e igualmente sentir que tu casa sigue siendo esa casita sola en lo más alto de la montaña, con un camino que nunca le queda de paso a nadie.

Autor: pensamientomodificado

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