Estar solo III

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Entonces dejó de escribir cosas bonitas, su amor se apagó y su alma se escapó por la ventana de un cuarto piso.

Uno de sus parientes, que tenía la suficiente sensibilidad como para entender, eligió quedarse con esas cajas que solo contenían papeles (que resultaron ser cartas devueltas al remitente). Leyó algunas, y como todas las cosas que guardan un sentimiento profundo, lograron emocionarlo, sus ojos se llenaron de lagrimas, su corazón se enterneció y su bolsillo tembló.

Decidió publicar esas cartas, en reconocimiento a ese pariente al que apenas había conocido, por un descuido, su propio nombre se coló en la editorial y los premios, en forma de dinero y gratitud, de un público entregado a su obra, cayeron sobre él. Nunca encontró el momento para aclarar el error y dar el nombre del verdadero autor.

Y así vivió sin miedo a las ventanas abiertas de los cuartos pisos, tenía suficiente material para el resto de su vida.

 

Autor: pensamientomodificado

Planteo respuestas, para generar nuevas preguntas.

3 comentarios en “Estar solo III”

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