Sin sentido I

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Lo conocí en su día “Bueno”, como llamaba él a esos días en los que nadie se le cruzaba en su camino, siempre venía a trabajar andando desde su casa, con las manos atrás,  con ese andar de persona mayor, pausada y sin prisas,   <<Hay que adecuarse a la época que estás viviendo>>, me dijo, mientras se arreglaba el cabello abundante pero cano, propio de su edad <<¿A los tiempos modernos?>>,  pregunté yo sin saber de qué estaba hablando, <<No, jovencito, me refiero que siempre tienes que ser coherente con tu edad>>. Era eso que yo llamaba “Pesimista por naturaleza”.

Una vez me dijo que llegó a pensar que su gato, no era otra cosa que una pulga gigante, un simple parásito, no veía en él más que una bola de pelo demandante de comida.

Su pesimismo llegaba al punto de obligarse a salir cada día con paraguas, si llovía, bien, pero si hacía sol (cosa más probable en ese clima mediterráneo), lo usaba a modo de bastón, logrando adquirir, en las pocas ocasiones que dejaba su paraguas apoyado en algún recibidor, una falta de equilibrio que no correspondía con ninguna dolencia aparentemente.

En su mesa de luz, un librito sobre el más allá, reposaba abierto (boca abajo) en la página 29, hacía tiempo que había renunciado a los marcadores de libro, que, según él, se encontraban siempre en ese lugar de la casa, menos a mano cuando uno los necesitaba. El librito hablaba de esos temas, de obligado conocimiento, para las personas que tienen un sentido de su propia mortalidad. La única vez que me invitó a su casa, me mostró todas las habitaciones, al dirigir yo mi mirada al libro, dijo << Para esas cosas que son inevitables, es mejor estar preparado>>.

Yo, en ese tiempo, pensaba  en el lado amable de las cosas, la gente era para mí, buena, hasta que se demostrara lo contrario, él me miraba sonriendo y decía:  << Vamos Juan, eso de salir corriendo bajo la lluvia, con los brazos abiertos, riendo  y maravillándose por ese olor a limpio, que nos regala la naturaleza, no tiene ningún sentido sin dinero>>, y mirándome como a un niño, al que le habían dicho que Los Reyes Magos son los padres, destrozaba en pequeños pedacitos el cupón de lotería que compraba sabiendo que jamás le iba a tocar.

Le pregunté si siempre había estado solo, me contestó con sarcasmo <<No creerás que nací de un pentagrama dibujado en el suelo, obvio que he tenido padre y madre, por lo tanto, no siempre he estado solo>>.  No me dio pie a preguntar si había tenido esposa o novia o algo similar.

Era una buena persona, lo sé, incluso cuando, mucho tiempo después de muerto, conocí a uno de sus hijos,  que entre reproche y reproche me puso en conocimiento de su pasado de mal padre.  Lo recordé diciéndome:  <<Nunca seas algo por defecto, las flores no siempre tiene que oler bien, solo por serlo>>.

 

Autor: pensamientomodificado

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