Partida

cof

Era habitual para él verla marchar, sintió como un ruido en su corazón, un dolor, su partida tenía, esta vez, algo de definitivo que lo hizo sufrir, se pasó el puño de la manga de su chaqueta por la nariz, se sintió de pronto como un niño pequeño al que le explican que su mascota ahora está en el cielo.

Caminando Juntos, se acostumbró a ver siempre su espalda, ella era tan orgullosa, tan segura, que su presencia atropellaba el mundo.

Arrojó el cigarrillo al suelo y lo aplastó con el pie, por desgracia, él nunca llegó a preguntarse eso de  <<¿Qué ha visto ella en mí?>>,  ya que lo sabía, su dinero la conmovía. Le pidió, como era su costumbre, algo prestado, <<Te lo devolveré>> le dijo, él supo que no (si hace falta aclarar que se hará algo, es porque no se hará), en castigo, ella lo borró de su lista de contactos en las redes sociales, como si él pensara reclamar, su dinero y su dignidad, a través de este medio.

La vio alejarse, sintió que si estiraba el brazo, podía tocarla, detenerla, impedir que se fuera, aun sabiendo lo maravillosa que iba a ser su vida sin ella.

Angel II

 

—Vamos por este — dijo, y comenzó a subir con entusiasmo sin esperar a que le contestara.

Ana cogió el camino más difícil, << ¿Por qué elige el camino de arriba, si se puede llegar al mismo lugar, pero por el camino de abajo, donde la subida es más suave y paulatina?>> me pregunté, mientras la observaba subir sin esfuerzo. Era una mujer hermosa, tenía un cuerpo atlético, una vitalidad que solo puede dar la juventud. Subí detrás de ella, riéndome de sus ocurrencias, su voz era como el canto de los pájaros, agudo, pero que no te desagrada escuchar.

—Recuerdo una vez cuando era niña, y me preparaba para tomar la Primera Comunión, le pedí a mi madre que me llevará a una pradera con el pasto verde y las flores amarillas, para que me sacara unas fotos con mi vestido blanco, este lugar lo había visto en una famosa serie de televisión, aunque ha pasado mucho tiempo— dijo pensativa —, recuerdo como se reía mi madre al escuchar esto, ya que nosotros vivíamos en un lugar agreste, donde, si te adentrabas en el monte, volvías con los calcetines llenos de espinas y abrojos, las espinas eran de una flor seca con el nombre de Amor Seco, ¡Que nombre más adecuado para esa planta del demonio!—.

Su voz me animaba a seguir avanzando. Es verdad que, a pesar del esfuerzo, iba disfrutando del paseo, el lugar era tan solitario, tan apartado, que sentí como si el tiempo su hubiese detenido, no importaba más que Ana, el aire fresco y yo.

—Mira, una araña tejiendo su tela— dijo Ana súbitamente

—No te acerques mucho Ana— dije yo.

Me daban miedo las arañas, es verdad que hubo un tiempo en que me gustaba observarlas, pero eso había sido cuando era un niño, antes de saber que la hembra se comía al macho, eso fue algo que no pude asimilar. Pero había algo más, algo siniestro que venía de más atrás, de un lugar profundo de mi mente, y era la imagen de mi madre, sentada en su sillón verde, con sus piernas en alto, al descubierto, blancas, blandas, llenas de pequeñas arañas rojas provocadas por las várices, ella las frotaba con alcohol, con su voz ronca por el cigarrillo, me decía, <<Ven hijo, ayuda a tu madre a quitarse el dolor>>, sacudí la cabeza para alejar ese recuerdo.

Ana se acercó a la araña sin hacerme caso, —¡Hombres!, sois muy valientes para unas cosas y tan niños para otras— dijo, y se dio la vuelta para mirarme, puso sus brazos en la cintura, se inclinó un poco hacia adelante y sonrió, con ese hoyuelo que se le hacía en la mejilla derecha y que me había cautivado tanto la primera vez que la vi. Sentí que la amaba, que estaba enamorado de ella, supe que era especial. Un calor me recorrió el cuerpo, era como un sentimiento de felicidad que nunca había experimentado antes.

Llegamos a un lugar donde el terreno era más llano, me alegré de poder caminar a su mismo ritmo, ya que, durante toda la subida, ella había ido unos cuantos pasos delante de mí. El lugar nos dejó sin palabras, los dos nos quedamos en silencio, contemplando el bosque que nos rodeaba.

—Es maravilloso, los árboles así dispuestos, parece una película, la luz iluminando las gotas de humedad en las plantas, parece como si todo brillara, casi puedo escuchar a David Bowie cantando “As the world falls down”, esto es hermoso—, dijo Ana como en éxtasis.

Yo también estaba igual, pero por algo totalmente diferente, el lugar en mi mente se presentaba oscuro, los árboles se movían haciendo un ruido de madera quebrándose, las hojas se estremecían por el viento, la vi ahí sentada, con el pelo rubio cayendo sobre su cara, la cabeza inclinada hacia un lado, las manos atadas, sus piernas dobladas en una postura antinatural, estaba muerta, y su imagen, su recuerdo, me llenó de energía ¿Cuánto tiempo había pasado, 3 años?.

Dicen que para que algo suceda, deben juntarse varios factores, un recuerdo, un sonido, una voluntad, todos nos aliamos para que las cosas pasen, hasta las víctimas parecen estar de acuerdo.

La voz de Ana me volvió a la realidad, el sol aún brillaba, el momento seguía siendo hermoso.

—Volvamos, se está haciendo tarde y no quiero que la noche nos sorprenda dentro del bosque— dijo ella temblando, sus ojos mostraban preocupación.

—Lo sé— dije

Ana me miró, pero en su rostro, no había signo alguno de esa sonrisa con el hoyuelo que me había enamorado esa misma mañana, cuando la conocí en el café del pueblo.

 

El lunes empiezo

cof

 

Se despertó como cada día a las seis de la mañana, suspirando se levantó de la cama, ese día estaba de un ánimo diferente. Se preparó para ir al trabajo, pero no despertó a nadie, ni a sus hijos para ir a la escuela, ni a su marido para que fuera al trabajo. Cogió una bolsa de deportes, puso unas cuantas cosas dentro que tenía a la mano y sin molestarse en preparar el desayuno, salió de su casa cerrando suavemente la puerta.

Se había cansado de todo, de su marido, que solía estar todo el día de mal humor y con dolor de cabeza, de sus hijos, correteando y gritando continuamente por la casa, de sus suegros y sus eternas sobremesas de los domingos, de su padre y sus exigencias de que lo llamara cada fin de semana, de su jefe, que pensaba que ella solo era la chica de los cafés, de sus amigas, que no paraban de dar consejos inútiles, hasta se había cansado de su amante, que no dejaba de quitarle tiempo para ella misma.

Todo esto la llevó esa mañana a pensar en irse, <<¿Por qué no?>> se preguntó y recordó a su amiga de la infancia, cuyo padre se había marchado un día a comprar cigarrillos, y nunca más había vuelto, también recordó a la madre de su amiga y le dio un poco la razón al padre…

Se quedó de pie en la acera, sabiendo que si daba un paso, sería un paso sin retorno, bajó la mirada y pensó en las consecuencias, tenía suficiente dinero en su cuenta, como para irse a cualquier lugar y empezar de nuevo, pero sabía que todo el mundo la juzgaría, no podría volver a ver a su familia se algo salía mal. Volvió a mirar hacia sus pies e intentó dar ese paso, pero pensó en sus hijos, se los imaginó justificando sus fracasos con un: <<Es que nuestra madre nos abandonó cuando éramos aún niños>>, apretó los puños pensando en lo que odiaba los victimismos, así que, dio media vuelta, entró en su casa, preparó el desayuno y pensó <<El lunes empiezo>>.

Amigos

mde

Solemos quedar en casa cada tarde, somos grandes amigos, charlamos de millones de cosas diferentes y pasamos gratos momentos juntos. Como la mayoría de las personas, nuestras vidas son rutinarias, no suele pasarnos cosas interesantes, se podría decir que el mundo seguiría rodando perfectamente sin nosotros. Somos los típicos amigos de teorías filosóficas, críticas políticas y planes para mejorar el mundo, como por ejemplo, encontrar la solución a la paradoja del vegetariano, que para dejar de comer carne, arrasaría millones de hectáreas de tierra con sus cultivos, y a los animales que intenta proteger, los terminaría dejando sin hogar. Leer más “Amigos”

Estar solo III

mde

Entonces dejó de escribir cosas bonitas, su amor se apagó y su alma se escapó por la ventana de un cuarto piso.

Uno de sus parientes, que tenía la suficiente sensibilidad como para entender, eligió quedarse con esas cajas que solo contenían papeles (que resultaron ser cartas devueltas al remitente). Leyó algunas, y como todas las cosas que guardan un sentimiento profundo, lograron emocionarlo, sus ojos se llenaron de lagrimas, su corazón se enterneció y su bolsillo tembló. Leer más “Estar solo III”

Dios

cof

Aprendió muy pronto que, con un solo gesto levantando su dedo, podía conseguir aquello que le gustaba o rechazar lo que no. La culpa la tuvo su madre, ella (como todas las madres), pensaba que conocía a su hijo mejor que nadie, e interpretaba sus gestos, como si se tratara de un complejo lenguaje de signos.

 

Su dedo levantado, siempre hacia el cielo, después dejándolo caer apuntando hacia el objeto de su deseo, así, ese dedo le trajo muchas satisfacciones. En la escuela, cuando le hacían una pregunta, señalaba hacia la puerta y la profesora, que tenía ese trabajo solo para pasar el tiempo, entendía que  el alumno quería ir al baño y lo dejaba salir sin responder a la pregunta, que por cuestiones de listas, debía responder el alumno siguiente con el apellido empezando por N, así fue ganando la antipatía de varios de sus compañeros.

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